Aconcagua 2001 parte II, el ascenso

re-capacitar. Tod@s podemos viajar libres

En estos días de burocracia, me da tiempo de discutir y terminar peleado con el amigo con el que iba a subir al centinela de piedra.

Ya por fin tenemos los permisos y contratados los arrieros, que nos llevarán el material hasta el campo base.

En la primera jornada, vamos desde Mendoza hasta el primer campo intermedio, Confluencia (3.200 msnm). Alucino, no sé que pasa aquí, mi recuerdo es que el campo estaba a la otra orilla del río. No entiendo nada y no puedo estar tan mal de la cabeza. Me explican que el año pasado hubo un desprendimiento de rocas sobre el campo, que mató a 11 personas y que se tuvo que trasladar. Pasamos aquí la noche.

Nos levantamos sin problemas. Hoy decidimos dar un paseo hasta plaza Francia (4.000 m.), es el campo base desde donde se comienzan las ascensiones. Es una de las paredes mas grandes que se puede escalar. De su base a la cima tiene más de 2.000 metros. Me parece absolutamente increíble que una persona pueda realizar una actividad tan técnica a tanta altura. Volvemos a dormir al campo confluencia.

Al día siguiente llegamos puntuales a plaza de mulas (4.260 msnm). Puntualmente llega nuestro material este día tal y como habíamos acordado con los arrieros.

Pasamos un par de noches aquí para aclimatar mejor nuestros cuerpos. La cima está a más de 6.900 metros. Queda un largo camino que supondrá un desgaste muy duro para el cuerpo. Yo por ahora respondo bién. No me influye la epilepsia. Yo con mis dos pastillitas al día no tengo problemas.

Esto es un circo. Hay mucha gente, una aventura dura se ha convertido en un juego de moda que se cobra muchas vidas al año. Incluso llego a jugar al ping pong con un chaval que había por allí.

Por fin salimos de aquí. La primera noche en vez de ir directamente a nido de cóndores la pasamos en el campo Canadá (5050 m). Aquí pasamos una noche sin incidencias.

Desde Canadá, vamos a nido de condores (5550 msnm). Aquí el tiempo empeora radicalmente. Entra una tormenta que nos mantiene atrapados a todos los que estamos aquí en nuestras tiendas.

Pasamos cuatro noches. El día lo dedicamos exclusivamente a cocinar polenta y comer. La dieta es poco variada, pero es una comida que dá energía. Tras pasar un par de días, Gianni presenta claros signos de mal de altura. El no se dá cuenta y nos cuesta convencerle para que se baje a recuperarar fuerzas, antes de intentar volver a subir.

Al quinto día parece que  comienza a mejorar el tiempo, Gianni ya ha vuelto y se encuentra repuesto.

Sergio (el chico más joven) y yo, decidimos subir al campo Berlín a dejar un depósito de comida, antes de lanzar nuestro “ataque” final. Es una pena que Juan Carlos y Gianni no se vean con fuerzas para intentar subir.

Con un tiempo bastante mejor, Sergio y yo subimos a la última parada antes de la cima. Al llegar charlamos con el resto de la gente que está esperando para subir.

No las tenemos todos con nosotros, antes de acostarnos nos preguntamos mutuamente si lanzamos el intento. Yo digo que sí. Ponemos el despertador a las 3 de la mañana.

Suena el despertador. –Mierda, se ha levantado viento blanco-. -¿Qué hacemos?-, me pregunta Sergio. Le digo que no se puede hacer nada. Durante la noche varias personas salen a intentarlo, y al poco vuelven como si la montaña las escupiese. Mira que la ruta es sencilla, pues si la montaña dice que no, es imposible luchar contra ella. El viento blanco hay que vivirlo para comprenderlo. No basta con lo que cuentan para entender lo que es. Sólo es viento, pero es implacable.

 

 

Por la mañana se ha retirado el viento. Vemos llegar a Gianni y Juan Carlos, que han subido al refugio Berlín a esperarnos.

Ahora el que presenta graves síntomas de mal de altura es Juan Carlos. Yo noto que mi organismo se resiente. A estas alturas tengo que reconocer que estaba en condiciones y habría hecho cima, pero mis fuerzas estaban muy justas, no sé muy bién como habría bajado. Regresamos muy deprisa hasta plaza de mulas, pasamos noche, y de ahí hasta la entrada del parque y vuelta a Mendoza.

Los resultados alpinísticos de este viaje: Una ruta por la cara Sur del Stepanek y un buen intento al Aconcagua, rozando el éxito con los dedos. Esto realizado con una epilepsia, por ahora controlada.

Con un país que se encuentra en medio de una crisis muy grave y revueltas muy serias en las que comienzan a haber muertos, vuelvo a casa encontrándose Argentina declarada en estado de sitio.